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Así es mi pueblo


 

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La matanza del cerdo.

Se trataba de una costumbre y de una necesidad, ya que era el sustento alimenticio familiar junto con la huerta de la casa. Todo el mundo o la mayoría del pueblo lo hacía. ¡Qué días más familiares y armoniosos eran la matanza del cerdo entre amigos y vecinos! Las migas, el cardillo o el potaje de matanza, acompañados del vino mosto de la tierra. Tampoco faltaba el plato de aceitunas un poco amargas. Y no faltaban las historias de nuestros mayores que nos ponían los pelos de punta o nos hacían mucha gracia.

Cómo era una matanza antiguamente
Entre los meses de diciembre o enero. Amanece y nos acercamos a la cochinera para sacar al cerdo, el animal gruñe contento, pensando que le vamos a echar unas ricas bellotas, pero tiene que aguantar en ayunas para que se puedan limpiar mejor las tripas y no se rompan. ¡Pobre animal! ¡No sabe lo que le espera!
El matarife abre la puerta y cuando el animal ve tanta gente...comienza a sospechar. Pero sin darle tiempo a pensar, se le saca medio en volandas, poniéndolo encima de la mesa de sacrificio con la ayuda de familiares y vecinos. Se procede a degollarlo y se recoge la sangre en un lebrillo donde no se dejaba de remover hasta que no estuviera fría.
Esta faena de coger la sangre casi siempre lo hacía una mujer veterana
que sabía como hacerlo para que no se cuajara y quedara inservible para elaborar morcillas.
Una vez muerto el animal se quemaba el pelo con las encendajas. El cerdo se lavaba con agua caliente y frotándolo con piedras muy ásperas, procediendo después al afeitado. Una vez había sido todo lavado y limpio se procedía a descuartizarlo.
Lo primero que se descuartizan son las manos y pies poniendo el cerdo panza arriba partiéndolo por la mitad, extrayendo todas las partes de dentro.
Posteriormente se procede a la elaboración de embutidos;las morcillas, los chorizos, el lomo y el jamón....